"Ya ha pasado tiempo suficiente." "Tienes que pasar página." "Seguro que él o ella querría verte feliz de nuevo." Frases bienintencionadas que, sin quererlo, comunican lo mismo: que el dolor sostenido en el tiempo es un problema que hay que resolver, no una parte legítima del proceso.

Este artículo parte de una idea distinta: el objetivo del duelo no es dejar de sentir la pérdida, es aprender a vivir una vida con sentido en la que esa pérdida tiene un lugar — sin fecha de caducidad.


De dónde viene el mito de las fases


El modelo de cinco fases (negación, ira, negociación, depresión, aceptación), el más popular y el más citado, lo formuló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969 — pero a partir de entrevistas con pacientes terminales sobre cómo afrontaban su propia muerte inminente, no a partir de un estudio sobre cómo las personas procesan la pérdida de un ser querido.

El modelo se trasladó después, sin la validación adecuada para ese uso, al duelo por pérdida de otra persona, y además se interpretó de forma lineal y secuencial — como si las fases debieran ocurrir en ese orden, una detrás de otra, hasta llegar a la aceptación como destino final. Ni siquiera la propia Kübler-Ross lo planteó originalmente así de rígido.

Cuando alguien vive su duelo sin encajar con esa secuencia —sintiendo tristeza y rabia a la vez, o "retrocediendo" a una fase que creía superada meses después—, puede llegar a pensar que lo está haciendo mal. No es así.


Un modelo mejor sostenido por la evidencia actual


Margaret Stroebe y Henk Schut propusieron en 1999 el modelo de procesamiento dual, que no habla de fases sino de dos tipos de afrontamiento entre los que la persona oscila de forma dinámica:

  1. Orientación a la pérdida: llorar, añorar, recordar, revisar fotografías.
  2. Orientación a la restauración: asumir nuevas responsabilidades, construir rutinas, recuperar roles.

El concepto central es la oscilación, no la progresión. Un día se puede estar centrado en el recuerdo, y al siguiente en tareas prácticas sin apenas pensar en la pérdida — sin que eso signifique "superación" ni "retroceso". Ambos polos son necesarios.


Una imagen para quedarnos con algo


El kintsugi, la técnica japonesa de reparar cerámica rota rellenando las grietas con oro en vez de ocultarlas. La pieza reparada no vuelve a ser exactamente la que era antes de romperse — pero las grietas doradas pasan a formar parte visible de su historia, y en cierto sentido la hacen más valiosa, no menos.

El duelo, entendido así, no es un proceso de "arreglar" a la persona para que vuelva a ser como antes de la pérdida. Es reconstruirse con esa pérdida integrada y visible, no escondida.


Una aclaración importante


El duelo no es exclusivo de la muerte. Aparece ante cualquier pérdida de algo con significado real: una ruptura, un empleo, un cambio de vida — incluso transiciones que celebramos, como el nacimiento de un hijo, que priva a los padres de ciertas libertades que daban por hechas.



Si estás atravesando un duelo y sientes que "deberías estar mejor a estas alturas", quiero que sepas que no hay un calendario correcto para esto. Puedes escribirme o pedir una primera cita en Contextualmente, Pamplona.